martes, 18 de diciembre de 2007



Muchos años han pasado ya desde aquellos días en que éramos felices simplemente dando una vuelta por el paseo marítimo, y nos distraíamos en comer un paquete de pipas mientras degustábamos una buena lata de coca cola, viendo pasar la peña por delante de los puestos de los negros o hippies, o los más actuales negros-indios-hippies.

Al cabo del tiempo empezamos a salir por la calle de los bares, y daba igual que día de la semana fuera, siempre estaba todo lleno de gente y un ambiente tela de guapo, incluso había bares de todo tipo de estilos, desde el inolvidable Don Vito (donde era imposible pagar una cerveza), hasta el mítico ETC (abierto todavía en la actualidad, aunque en estado decadente de pantalones), pasando por el Orto y su inolvidable fétida terraza.


En la actualidad, pocas son nuestras excursiones nocturnas por dicha calle, y se ven limitadas a salidas entre semana en plan "de tranqui”, o a temibles incursiones invernales, en las que solemos llevar olor a pescado y game cube, y un terrorífico frío proveniente de lo más profundo de la Chanca. En verdad estas costumbres tienen que ver con la decadencia de dicha calle, ya que en la actualidad en verano es frecuentada por poca y rara gente.

Pero hay ciertas cosas que no cambian... y es que desde tiempos memorables, hay una vieja costumbre que nos sigue gustando, seguimos practicando y en la que realmente tenemos un cierto don: es el tema "cubata/cerveza playil nocturno", en el que te llega luego la arena a ciertos sitios inimaginables (siempre me pregunté en que momento traspasaba la arena la barrera física de pantalón y calzoncillo).


Dicha afición proviene de los antiguos tiempos de barbacoa en la barra, amenizada con baño y carreras por la playa a la luz de la hoguera de neumático, y todo gobernada por la presencia de sangría arenosa con característico rechinamiento de dientes, y botella de JB. Incluso es recordado el momento en que algún personaje fue valientemente al agua a toda velocidad, y acabo revoleado antes de llegar al agua, con una ola mojándole la cabeza y destrozándole su orgullo, para regocijo de Manuel Chico Pérez.

Personalmente he de decir, que este año he salido poco por territorio barbatil, pero he de afirmar que realmente los días que por allí me quedé, me ahorré un taxi y en verdad tampoco nos lo pasamos tan mal.

No digo que no haya que salir hacia tierra prometida (llámese Caños , Zahara o Conil), pero en mi opinión, creo que deberíamos valorar algún día la idea de "arrejuntarnos" de nuevo unos pocos en la playa, ayudados por la presencia de timbal, guitarra y alcohol-cola (sin olvidar a Andrés "Caparrós" Rosado -no se vende-). Sería genial liarla de nuevo como la liamos en los últimos días del verano 07.

Sin más que decir que... ¡Oh Kanouteeé!, ¡Oh Kanouteeeé!, ¡Todos queremos que marque Kanouté!...



Se despide

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me parece perfecto! veras el verano q viene..... ese no me lo pierdo ni de coña! digo no a trabajar en verano vaya!!

Anónimo dijo...

Furor, Furor tananananananaaaaaa

Popurri popurri!!!!

besos a todos!